En realidad, los datos no nos gustan

Los datos no nos gustan.

Trabajar con datos puede llegar a ser un fastidio.

Lo que apreciamos es extraer algún significado de todos esos datos que acumulamos en nuestras labores.

Lo que valoramos es conseguir el triunfo sobre esos datos.

Como cuando consigues crear ese programa que hace fluir los datos hasta ese paso del proceso, esa meta, cuando ya nos pueden servir para algo. Cuando nos brindan un significado valioso.

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Estoy leyendo “Bad Data Handbook”, un libro que compila textos de diversos autores, curado por Q. Ethan McCallum. El cometido del libro es divulgar los enfoques y casos acerca varios profesionales que han “padecido” el trabajo con datos. Datos malos. Y de cómo han resuelto los desafios.

Facebook y Google, bloqueo mutuo garantizado


Al tiempo que Google y Facebook han comenzando una carrera por ser proveedores globales de Internet, ¿podemos pensar que la llegada de estos dos gigantes al territorio de los ISP será garantía de que prevalezca la Neutralidad de la Red?.

Al contrario.

Google y Facebook son adversarios comerciales en algunos rubros. Una Internet neutral podría trabajar en favor de sus adversarios. Súmale esta situación a los ataques legales contra la Neutralidad de la Red incentivados por la industria del copyright y los ISPs tradicionales.

Quizá, son malas noticias para quienes publican contenido y servicios en Internet que dos canales tan poderosos y ávidos de ingresos millonarios como Google y Facebook puedan llegar un día a controlar los grifos.

No me parece que hacer un llamado de alerta sea exagerado. Aún cuando no hay en realidad un Facebook o un Google surtiendo Internet al mundo.  Es muy posible que ellos dos lo consigan.

Creo que esto podría pasar: si tu contenido o tu servicio no representa un objeto de interés para ellos, no tendrás garantizado el alcance a sus millones de usuarios.

O si eres de interés para uno, quizá seas inconveniente para el otro.

Hay buenas posibilidades de quedar fuera. Fuera de la red de Google. O Fuera de la red de Facebook. O de ambas.

La Neutralidad de Internet ya debe ser un gastado recorte de algún diario coleccionado entre los objetos antiguos que preservan con cariño en las oficinas de Facebook y Google.

Ellos llegaron y tomaron las mejores y más amplias tierras. ¿Por qué no querrían cercar y comenzar a cobrar por el paso del agua?.

Justo ahora, Google y Facebook deben estar ideando los términos que van a llevar a la mesa para negociar entre ellos. Son como dos potencias con armas nucleares cuando la destrucción mutua está asegurada.

Ambas fuerzas podrán bloquearse mutuamente. Garantizado.

Es por eso que no importa en realidad cuál de ellos dos empezó esta carrera por “brindar” Internet a la gente. El otro tenía que seguirle. Están en juego sus intereses.

Ellos dos tendrán que llegar a un acuerdo.

Porque los usuarios podrían dar preferencia a uno de los dos servicios.

Muchos otros usuarios podrían adoptar mecanismos para conmutar entre ambas redes.

En ambos escenarios no se facilitaría la tarea de monitorear las costumbres y gustos de los usuarios. No se podrían perfilar y/o inducir a plenitud.

Y perfilar usuarios con sus datos es la materia prima para inducir a la compra o a la acción.

Inducir la compra o llamar a la acción, los productos principales de Facebook y Google.

Se me ocurre pensar que estos dos preferirán coexistir.

Pero pobres de quienes desarrollen contenidos o servicios que no sean vinculantes a Google o Facebook. Ambos esperan que pases el mayor tiempo posible usando sus servicios.

Quienes resten usuarios a ambos servicios podrían ser canalizados al piso inferior, en el flujo lento de los degradados o en la oscuridad de los desaparecidos.

Si la experiencia nos puede enseñar algo, es que tomaría mucho tiempo antes de que algún marco legal antimonopolio haga los ajustes para aumentar la luz a quienes sean maltratados por este par hegemónico. Podría tomar tanto tiempo como para que los afectados ya no puedan persistir.

Es el méndigo futuro que viene para acá


¿Lo escucha, compadre? ese tropel que estremece nuestro suelo. No se asuste. Es el méndigo futuro que viene para acá.

Y cuando él llegue nos va a traer algo que a veces ni pensamos.

Eso que el futuro nos va traer es la sensación de que ya estamos viejos. Viejos y pasados de moda, que es peor.

Nos vamos a sentir viejos por varias cosas.

Pasados de moda por cosas como platicar acerca de nuestros smartphones, cuando entonces, en el futuro, la gente portará los microprocesadores y el software en los lentes de contacto y en los accesorios de vestir.

Nos vamos a sentir viejos cuando veamos que ya nadie recarga la batería de sus dispositivos conectando cable alguno.

Nos vamos a sentir antiguos cuando ya nadie pierda las llaves, porque la llave será cada uno en su persona.

Nos vamos a sentir muertos y enterrados cuando extrañemos los teclados de nuestras computadoras, los ratones, ¡algo que tocar, chingá! mientras que todas las personas estarán palpando superficies proyectando las interfaces gráficas sobre ellas.

Nos vamos a sentir olvidados cuando los muchachas y los muchachos lleguen con la novedad de que ya terminaron una carrera universitaria, de varias que podrán lograr, en cuestión de meses, sin desgastarse por ir desde casa al campus ni por apegarse a la formalidad de los horarios.

Pero lo peor va a ser ver llegar la medicina “a la medida”, impresa según la secuencia de genes de cada individuo, tan efectiva para los nuevos, tan tarde para nosotros.

Viejos y pasados de moda. Con algo de suerte, los autómatas se harán cargo de limpiarnos las babas y los rabos.

Quizá, para lo único que nos van a tener presentes, para maldición de cada uno, serán las ocasiones cuando se deban afrentar a la mugre de ecosistema que les dejaremos. Nomás para eso.

Así es, compadre. Ese ruidero de allá, es el futuro que viene. Y no hay lugar para donde irse que el futuro no sepa cómo llegarle.

Los murciélagos se van a alborotar



Es una de las naciones donde habitan personas encumbradas de las industrias cuyos interéses serían afectados si el cambio climático es reconocido, por fin, como un hecho.

Es en ese país donde sistemáticamente han negado las evidencias, casi religiosamente.

Supongo que es por tal escenario que los medios en Estados Unidos están anticipando que el próximo capítulo de Cosmos va a provocar reacciones y controversia.

La segunda etapa de la serie, personificada por Neil deGrasse Tyson, ha aumentado el énfasis en meter la lámpara dentro de los lugares que se han mantenido artificialmente en la oscuridad. Claro que los murciélagos se van a alborotar.

Una Internet de todo el mundo … para simplemente mirarse el ombligo

Una red que nos muestra la información que la red cree que queremos ver, pero no nos enseña lo que necesitamos ver.

Los algoritmos de Google, de Facebook,  de las noticias de Yahoo y el resto de los servicios web más concurridos del mundo deciden la clase de información que estará a nuestro alcance. Pero no incorporan, aún, consideraciones éticas o la búsqueda de puntos de vista diferentes u opuestos.

Tampoco nos permiten conocer los criterios dentro de su “mecánica”. Ni nos permiten personalizarlos.

Una Internet con el potencial para estar conectado con casi todo el mundo y ampliar el entendimiento, pero que es usada solamente para estarse mirando el ombligo.

Ubuntu de 64 bits, Android SDK y el mensaje “…SDK Manager] Failed to create the SD card”


De hecho, el mensaje completo es algo como:

[2013-03-19 19:00:18 - SDK Manager] Failed to create the SD card.
[2012-03-19 19:00:18 - SDK Manager] Failed to create sdcard in the AVD folder.

Y me ha sucedido al intentar declarar un dispositivo virtual en el Android Virtual Device Manager.

El problema se ha resuelto instalando:

sudo apt-get install libc6:i386 libstdc++6:i386
sudo apt-get install zlib1g:i386

La idea es que el SDK de Android tenga a disposición estas bibliotecas de 32 bits en un Ubuntu de 64.

Fuente de la solución: http://askubuntu.com/questions/73491/no-such-file-or-directory-for-existing-executable/165536#165536